Carta abierta a Manuela Picq

Bruno Santos Dias*

Estimada Manuela,

No nos conocemos, tenemos algunos contactos en común, pero seguro nunca nos hemos visto personalmente y lo más probable es que esta carta siquiera te llegue. Pero tenemos también algunas similitudes y diferencias muy significativas que, creo, me habilitan y me provocan a escribirte algunas palabras para expresar mis percepciones y hacerte, con todo respeto, algunas observaciones. 

Como tú, soy brasileño. Como tú, hace algunos años, conocí a Ecuador y allá me radiqué, me uní a una persona ecuatoriana y hoy tengo ahí a una familia muy querida, a quienes amo, además de haber ganado muchas amistades sinceras y para la vida. También como tú, elegí la academia y la investigación social como actividad y tengo la militancia como vocación. Como tú, sigo estudiando, leyendo, pensando y escribiendo sobre las personas y las relaciones sociales y también intento hacer de mi producción intelectual un acto político y de resistencia. 

Pero también nos conectan algunas diferencias y quizás en este punto sea necesario detenerme un poco para contarle algunas cosas importantes:

 Diferente de ti, mis apellidos no dicen nada a mi respeto, mis papás son gente común, del pueblo, como esas que se encuentran de fácilmente por las calles menos conocidas de las ciudades más grandes de Brasil. Mi familia: papás y hermanas, es igual que la mayoría de las familias del suburbio de las metrópolis brasileñas. En verdad, mi familia por parte de madre viene del reconcavo bahiano, de Nazaré das Farinhas. Mi abuela la llamaban cabocla, de ascendencia indígena Tupinambá, fue madre de dieciocho hijos y aunque no todos llegaron a la vida adulta, el último de ellos es mi mamá. Mi abuelo materno no lo conocí, murió antes que yo naciera. Con mi mamá al inicio de la adolescencia, mi abuela se cambió a Rio de Janeiro, donde algunos de mis tíos, hermanos de mi mamá, seguían la carrera militar, y donde creían que podrían tener una mejor vida.

De los orígenes de mi papá, hasta poco, yo casi nada conocía. Al igual que mi mamá, también fue el último de siete hermanos y también tuvo al menos una hermanita que siquiera superó la niñez. Mi papá creció en Duque de Caxias, ciudad en la zona metropolitana de Río, su mamá, mi abuela, no estudió más que para escribir su nombre. Mi abuelo paterno tampoco lo conocí, también murió antes que yo naciera. Hace poco tiempo he logrado rastrear por estos sistemas de genealogía en internet algunas informaciones más consistentes de la familia de mi papá. Creo que, por ser de Río de Janeiro, los documentos están más accesibles que los de la familia de mi mamá, que es de una ciudad pequeña (de pueblo, como se dice en Ecuador). Descubrí que mi bisabuelo, papá de mi abuelo paterno, fue un migrante español, probablemente de la Galicia, que migró hacia Brasil en búsqueda de trabajo y allá perdió todo el contacto con sus ancestros. Mi papá siquiera conocía esa historia y en los registros de nacimiento de mis tío-abuelos se dice que mi bisabuelo fue operario analfabeto.

Mi papá es un hombre muy inteligente. Desde niño me encantaba su mueble de libros, discos de vinilo, cuadernos de estudio extremadamente ordenados y escritos con una letra hermosísima. Me acuerdo incluso de, cuando niño, haber encontrado un cuaderno de poesías de mi papá… ¿qué destino habrá tenido? Pero como debes imaginar, por sus orígenes y contextos, él tuvo muy poca oportunidad. Recuerdo que alguna vez, cuando le dije que solo me casaría cuando me graduara de la universidad, me dijo que no me impusiera condiciones a mis realizaciones, que la vida no es siempre como planeamos. Él siempre quiso estudiar una universidad y estoy seguro de que independiente de la carrera que siguiera, sería muy exitoso. Pero le tocó trabajar en la empresa pública de telefonía, un buen puesto, no podemos quejarnos. Allá quedó años, pero fue botado luego que el gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso, a fines de los 1990, la privatizó. En algún momento de mi niñez mi papá se hizo cristiano evangélico. Estudió bastante la Biblia y seguro nos puede dar cátedra de muchos de estos temas. Hoy agradezco haber logrado jubilarse, luego de años de trabajo independiente como albañil, después que dejó la empresa de telefonía.

Mi mamá eligió ser la mamá. Luego que mi hermana mayor nació, dejó todo para cuidarla. Aún vinimos mi hermana menor y yo, y mi mamá no hizo nada más de su vida que dedicarla a nosotros, por lo que la agradezco con mi vida. Hoy se dedica con el mismo cariño y amor a sus dos nietos, mis sobrinos.

No puedo quejarme. Tuve una infancia muy feliz, con mucha televisión, jugando en la calle con los amigos de la vecindad, una adolescencia vivida en la iglesia evangélica, donde tocaba batería y hacía de ese entorno mi highschool musical. Mis papás se esforzaron por mantenernos a mis hermanas y yo en escuelas privadas, pero no fue siempre posible y alternamos muchas veces en escuelas fiscales y privadas, hasta que el bachillerato lo hice todo en una institución pública, con formación técnica de calidad mediana.

Pero con todo ese background, como debes imaginar, mi universo de posibilidades para la vida era un poco limitado. Me acuerdo de que desde niño mis papás nos estimulaban a mi y a mis hermanas que hiciéramos los cursos gratis de la institución del Servicio Social del Comercio que quedaba cerca de nuestra casa. Nos decían para buscar una formación técnica, que eso nos podría garantizar un empleo de por vida en alguna industria de la región. Por suerte o casualidad, concluí mis estudios (técnico) justo en el inicio de los años 2000, cuando empezaba un momento favorable económicamente a nuestro país (me refiero a Brasil) y pude soñar con llegar a la universidad. No fue tan sencillo, hubo muchos impedimentos, el mayor de ellos, conciliar tiempo y presupuesto entre trabajo y estudios. Pero logré, con un programa del gobierno del presidente Lula que por cierto conoces, el ProUni. Con un año de beca en una universidad privada de mi barrio me di cuenta de que aquello me gustaba y decidí intentar algo más osado. Hice un concurso de transferencia a la Universidad Federal Fluminense y fui aprobado para estudiar periodismo allá. Una de las vitorias más grandes que he tenido en toda mi vida.   

No quiero alargarme más que eso en mi historia, lo hice hasta aquí apenas para marcar una diferencia en nuestras similitudes. Yo fui el primer de mi núcleo familiar, y no solo, incluso entre mis abuelos y bisabuelos, en llegar a la universidad. Un “simple” curso de pregrado, no hablo de maestrías o doctorados. Pero para mí la vida universitaria tampoco fue tranquila. Estudiando en una de las mejores instituciones del país, noté como mi repertorio era muy distinto de lo de la mayoría de mis compañeros. Mientras ellos tenían ya una tradición en la familia, con padres, abuelos, tíos todos con formación y puestos importantes en algún campo profesional y académico, además de acceso a experiencias y un universo cultural privilegiado, yo hasta evitaba mencionar hasta mismo la zona de la ciudad en donde vivía. Siquiera me sentía autorizado a vacilar con algunas de mis compañeras de curso, yo no era para ellas. Y no estoy hablando mal de mis compañeros y profesores, fueron todos muy amables y todavía hoy mantengo contacto afectuoso con muchos de ellos. Pero era lo que yo sentía, algo que me pesaba en el aire, la sensación casi materializada de que aquel ambiente no estaba hecho para personas como yo.

Creo que ya está claro aquí que es eso que nos difiere, ¿no? Perdón haber necesitado ser tan prolijo, es que no sé cómo nombrarlo bien. Pero necesitaba expresarlo porque eso se encuentra con las cosas que tenemos en común y la manera como reaccionamos a ellas. Ecuador fue para mí un espacio de novedades, donde yo pude intentar algunos logros que en Brasil me seria muy complicado por todo ese historial que he relatado. Creo que tú sabes bien de lo que hablo. Acceder a algunos recursos y oportunidades están más allá de la capacidad y formación de uno. Tiene que ver con el lugar social que uno ocupa, de donde vienes, el color de tú piel, tus ojos, tus rasgos… toda esa jerarquía social heredada del colonialismo y que es muy, muy compleja. En Ecuador, para mí, como brasileño (y es importante hacer hincapié en eso), sentí que estos elementos no tenían el mismo peso que en Brasil y que estaba más libre para intentar ir algo más allá. Y he hecho mucho. Ecuador es, hoy, definitivamente, mi casa.

Sin embargo, al mismo tiempo, junto a todo eso reconocí que el contexto local tenía sus proprias jerarquías y que, en esas disputas, mis aportes no son imprescindibles y no me cabe ningún tipo de protagonismo. 

Es aquí mi punto. Estoy seguro de que tú, Manuela, nunca ha experimentado ninguna de esas limitaciones. De que tú, con tus nombres y apellidos, con tus pasaportes, ascendencia, rasgos, formación, experiencias, amistades… jamás te sentiste desubicada en ningún espacio, que para ti, nada nunca fue completamente imposible, que sabías que la mayoría de las conquistas dependían únicamente de tu esfuerzo, empeño y capacidades, y que incluso tus reveses tendrían comprensión y acogida – más que – necesaria (no todos que fueron perseguidos por su actuación política tienen un documental para contar su versión de la historia presentado en festivales por el mundo, ni mismo muchos de los lideres y lideresas indígenas que sufrieron tu misma persecución). 

Así que, querida Manuela, es con mucho respeto que te sugiero dar un paso al costado en la pugna electoral por la ida al segundo turno en Ecuador. Sin entrar en el mérito de esa disputa, sin poner en cuestión tu relación con Yaku Perez (jamás, de verdad), sin dudar de tú sinceridad y honestidad en esa pelea, te lo digo: hay protagonismos que no caben. El movimiento indígena de Ecuador por cierto tiene suficientes lideresas y lideres que pueden tomar un micrófono y decirles a los suyos que es que va a pasar, cuales son los planes. No es necesario que sea tuya la voz y la cara a hablar a los periódicos y canales de televisión sobre qué piensa el movimiento indígena del Ecuador respeto a lo que pasa, aunque nadie en el movimiento le haya dicho nada, porque no creo que no es de eso que se trata. 

Tus aportes, conocimiento, experiencia y recursos seguro son bienvenidos, no es ese el tema, pero creo que, en este caso, nuestro lugar es la retaguardia y no adelante. 

Si es que este texto llega a ti, espero que lo tomes como un consejo respetuoso, de alguien que entiende tu lucha, tu trayectoria, tus motivaciones, pero que tiene una percepción distinta, que tú seguramente sabes cuál es, pero no la puede conocer.

Respetuosamente,

Bruno Santos N Dias   

* Doutorando em Ciências da Comunicação pela Universidade de Coimbra (Portugal), mestre em Comunicação com Menção em Estudos de Recepção Midiática pela Universidade Andina Simón Bolívar, sede Equador. Graduado em Comunicação Social – Jornalismo pela Universidade Federal Fluminense (Brasil) com especialização em Marketing Empresarial pela mesma universidade. Integra o núcleo Yllanay de pesquisa da comunicação, associado à Rede AMLAT (Rede Temática de Cooperação Científica, Comunicação, Cidadania, Educação e Integração para a América Latina).

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